Cómo Promover la Inteligencia Emocional en la Infancia
Eugenia Porcar Almela
4/23/20254 min read
La inteligencia emocional en la infancia es una habilidad fundamental que influye directamente en el bienestar, las relaciones y el éxito futuro de los niños. A diferencia del coeficiente intelectual (CI), que se centra en la capacidad cognitiva, la inteligencia emocional (IE) abarca la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las emociones propias y ajenas. Desarrollar esta habilidad desde una edad temprana proporciona a los niños herramientas valiosas para afrontar desafíos, resolver conflictos y construir relaciones saludables.
En este artículo te explicamos qué es la inteligencia emocional, por qué es importante en la infancia y cómo promoverla en casa y en el entorno escolar. Además, te ofrecemos estrategias prácticas que pueden ser implementadas por padres, madres, docentes y cuidadores.
¿Qué es la Inteligencia Emocional?
Daniel Goleman, uno de los principales referentes en este campo, define la inteligencia emocional como la capacidad de identificar nuestras propias emociones y las de los demás, motivarnos, manejar adecuadamente las emociones y establecer relaciones positivas.
La IE se compone de cinco competencias clave:
Autoconciencia: reconocer las propias emociones y cómo influyen en los pensamientos y comportamientos.
Autorregulación: manejar y controlar las emociones de manera saludable.
Motivación: canalizar las emociones hacia el logro de objetivos.
Empatía: entender las emociones de los demás.
Habilidades sociales: establecer y mantener relaciones sanas.
Importancia de la Inteligencia Emocional en la Infancia
Desarrollar la inteligencia emocional desde una edad temprana tiene múltiples beneficios:
Mejora el rendimiento académico.
Reduce problemas de conducta.
Fomenta relaciones sociales positivas.
Disminuye el riesgo de ansiedad y depresión.
Fortalece la autoestima y la autonomía.
Ayuda en la toma de decisiones y resolución de conflictos.
En un mundo cada vez más interconectado y cambiante, la IE se convierte en una competencia esencial para el bienestar presente y futuro del niño.
Señales de una Buena Inteligencia Emocional en Niños
Un niño con una inteligencia emocional bien desarrollada suele:
Reconocer y nombrar sus emociones.
Expresar sus sentimientos de manera adecuada.
Mostrar empatía hacia los demás.
Controlar sus impulsos.
Resolver conflictos sin recurrir a la violencia.
Estrategias para Promover la Inteligencia Emocional en la Infancia
1. Validar las Emociones
Permitir que los niños sientan y expresen sus emociones sin ser juzgados es el primer paso. Frases como “entiendo que estés triste” o “es normal que sientas miedo” ayudan a validar sus sentimientos y les enseñan que no hay emociones buenas o malas, sino maneras saludables de gestionarlas.
2. Enseñar a Identificar Emociones
Utilizar juegos, cuentos y dibujos para que los niños aprendan a poner nombre a lo que sienten. Por ejemplo, usar caritas de colores para representar alegría, tristeza, enfado o miedo puede ser muy útil.
3. Ser un Modelo a Seguir
Los adultos influyen enormemente en el desarrollo emocional de los niños. Mostrar cómo gestionamos nuestras emociones de forma saludable (por ejemplo, hablando de lo que sentimos en lugar de gritar) es una lección práctica y poderosa.
4. Fomentar la Escucha Activa
Enseñar a escuchar sin interrumpir y a prestar atención a lo que dicen los demás favorece el desarrollo de la empatía y la comprensión interpersonal.
5. Practicar la Resolución de Conflictos
Cuando surjan disputas, guiar al niño a pensar en soluciones pacíficas. Preguntas como “¿cómo crees que se sintió tu compañero?” o “¿qué podrías hacer para arreglarlo?” fomentan el pensamiento crítico y la autorreflexión.
6. Introducir Técnicas de Regulación Emocional
Técnicas como la respiración profunda, el mindfulness, los cuentos terapéuticos o el dibujo emocional pueden ayudar a los niños a calmarse y regular su estado de ánimo.
7. Establecer Rutinas y Límites Claros
Los límites y rutinas proporcionan seguridad y previsibilidad, aspectos clave para el equilibrio emocional en la infancia.
8. Reconocer los Logros Emocionales
Elogiar los esfuerzos del niño por expresar sus emociones o resolver un conflicto de manera positiva refuerza su autoestima y motivación.
Actividades para Desarrollar la Inteligencia Emocional
Aquí te compartimos algunas ideas de actividades prácticas para fomentar la IE:
El diario emocional: animar al niño a escribir o dibujar cómo se ha sentido a lo largo del día.
El frasco de la calma: un bote con agua, purpurina y pegamento que se agita y se observa hasta que se asienta, simbolizando cómo se calman las emociones.
Juego de roles: representar diferentes situaciones y cómo responder emocionalmente ante ellas.
Cuentos emocionales: leer juntos historias que aborden temas emocionales y reflexionar sobre los personajes.
El Rol de la Escuela en la Inteligencia Emocional
La escuela, además del hogar, es un entorno clave para el desarrollo emocional. Programas de educación emocional en el aula han demostrado tener un impacto positivo en la conducta, la convivencia y el rendimiento académico.
Los docentes pueden incorporar actividades emocionales en el currículum, crear un clima afectivo positivo y fomentar valores como el respeto, la cooperación y la empatía.
Cómo Medir el Progreso en Inteligencia Emocional
No se trata de obtener una calificación, sino de observar cambios en la actitud y comportamiento del niño. Algunas preguntas orientativas pueden ser:
¿Reconoce y nombra sus emociones con más facilidad?
¿Expresa lo que siente sin recurrir a la agresión?
¿Tiene mayor tolerancia a la frustración?
¿Muestra más empatía por los demás?
Obstáculos Comunes y Cómo Superarlos
1. Evitación de las Emociones Negativas
Algunos adultos tienden a distraer al niño cuando está triste o enfadado. En lugar de evitar esas emociones, debemos acompañarlas y validarlas.
2. Reacciones Impulsivas
Cuando los adultos pierden la calma frente a una pataleta, refuerzan el mal manejo emocional. Es importante mantener la calma y actuar como un modelo positivo.
3. Falta de Tiempo
Aunque la rutina diaria esté llena de obligaciones, dedicar momentos de calidad para hablar de emociones es una inversión invaluable en el desarrollo del niño.
Conclusión
Promover la inteligencia emocional en la infancia no solo mejora la calidad de vida del niño en el presente, sino que sienta las bases para una adultez equilibrada, empática y resiliente. A través del ejemplo, la escucha activa, la validación emocional y el establecimiento de rutinas, podemos guiar a los niños en el conocimiento y gestión de sus emociones.
La inteligencia emocional se aprende y se entrena, y como adultos tenemos la oportunidad de cultivar un entorno que nutra este aprendizaje día a día. Recordemos: un niño emocionalmente inteligente es un niño más feliz, seguro y preparado para afrontar el mundo.


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